"Si seguimos haciendo lo que estamos haciendo, seguiremos consiguiendo lo que estamos consiguiendo".
Stephen Covey

28.11.08

Un pueblo, Un producto

Traducido de «'Isson Ippin' de Ajia o sukuu», publica­do en Voice, enero de 2008, págs. 186-91; versión resumida. Cuadernos de Japón Volumen XXI, Número 1, 2008

Salvando a Asia con el movimiento «un pueblo, un producto»

 por HIRAMATSU Morihiko [i]

Los notables desequilibrios regionales en Japón se han convertido en una cuestión política capital, aun­que este fenómeno no es exclusivo de nuestro país. En todo el mundo, incluyendo a China y otros países asiáticos, África y Occidente, la cuestión más impor­tante en la actualidad para los dirigentes políticos locales es cómo vigorizar sus comunidades. El poder político y las actividades económicas se han concen­trado en las áreas metropolitanas y las regiones peri­féricas se han rezagado.

El movimiento «un pueblo, un producto» (OVOP, en sus siglas en inglés), originado en Õita, lejos de Tokio, en la isla japonesa de Kyushu, ha suscitado el interés de gobernantes y alcaldes de todo el mundo. Los líderes de los países que participan en este movi­miento celebraron la primera cumbre del OVOP en Chiang Mai, Tailandia, en septiembre de 2004. En este artículo quiero analizar el movimiento OVOP tal y como ha evolucionado en diversos países y la «diplo­macia local» que la prefectura de Õita va a desarrollar con ellos.

Comencé a preparar el proyecto de este movi­miento en la década de los 80, siendo gobernador de la prefectura de Õita, en un intento de transformar los productos que se podían encontrar solamente en nuestra prefectura en mercancías aptas para los mer­cados nacional e internacional. La idea de «un pue­blo, un producto» no se limita artículos físicos, sino que comprende también el turismo ecológico con vis­tas a la preservación del entorno local y el desarrollo de un ocio sin prisas, además de permitir a los jóve­nes de las ciudades realizar tareas agrícolas, consumir productos frescos del campo y experimentar de primera mano los trabajos de la siembra y cosecha del arroz. Este movimiento incorpora bienes tangibles e intangibles en sus acciones para contribuir a la revitalización local, como centros turísticos, instala­ciones culturales y organización de eventos.

Un buen ejemplo de ello es el caso del shochü, un alcohol de cebada típico de Õita y ahora un producto OVOP. Este alcohol se considera inferior al sake, pero llevé una muestra para los clientes de los restaurantes de primera clase de Tokio. Lo serví mezclado con agua caliente e introduje la práctica de tomarlo con unas gotas de kabosu (un cítrico parecido a la lima muy común en Õita). «Esto es magnífico», fue su reacción, y la bebida ganó aceptación rápidamente. La popula­ridad de las marcas Kitchomu e iichiko hicieron subir la cuota de mercado del shochü de Õita, que era del 1,0 % en 1975, al 14,9 % en 2003 -el 30 % en la categoría de shochü auténtico-, convirtiendo a Õita en el principal productor de esta bebida. El shochü de Õita se exporta actualmente a países como China, y es un ejemplo ilustrativo de un producto tanto local como global.

Aparte del shochü, otro ejemplo de OVOP puede encontrarse en el Estrecho de Hoyo, una parte del Canal Bungo entre las islas de Kyushu y Shikoku. El aji (jurel) y la saba (caballa) se capturan en las rápi­das corrientes del estrecho mediante técnicas de pesca con pértiga, se tratan en Saganoseki, Õita, y se venden con la marca Seki. Su precio se sitúa en torno a los 5.000 yenes el kilo como marca OVOP, el doble del precio de un pescado sin marca. Esta manera de crear un producto con la marca. Õita es otra de las técnicas del movimiento OVOP.


El OVOP en un contexto más amplio

No será el «poder duro», representado por el poder militar y político el que elimine las fricciones entre los países y establezca relaciones internacionales amis­tosas; más bien lo logrará el «poder blando», un con­cepto desarrollado por Joseph NYE, profesor de la Universidad de Harvard. Se trata de que la diploma­cia local, que promueve los intercambios entre las personas a través de actividades culturales y medi­das de revitalización regional como el OVOP, es la que acercará la paz a Asia y al resto del mundo.

Aunque tengo más de ochenta años, continuó via­jando por países de Asia y África y recibo a delega­ciones para promover el movimiento OVOP, todo ello con la esperanza de que, a pequeña escala, estas acciones puedan contribuir a la paz en Asia y en el mundo. Al mismo tiempo, quisiera dar a conocer más el OVOP en Japón, el lugar donde nació.

Para terminar, resumiré los principales puntos del movimiento OVOP.

1. Autodependencia y creatividad

Los organismos municipales no deben financiar la creación de productos bajo la bandera del OVOP. De hacerlo, se podría provocar el desmoronamiento del sistema una vez agotados los fondos, lo cual no con­tribuiría al desarrollo de productos locales capaces de competir en los mercados globales.

Para estimular el entusiasmo por formar parte del OVOP, dije a la gente de Õita: «La prefectura ayudará a aquellos que se ayuden a sí mismos». Acordamos que las instituciones de investigación de la prefectura (como el Instituto de Investigación Micológica, el Instituto de Investigación de Floricultura y el Centro de Formación de Artesanía del Bambú de la Prefectura de Õita) guiarían a aquellos que tomasen la iniciativa de crear sus propios productos, y organizamos ferias en Tokio para exponer los artículos del OVOP de Õita, junto con los productos alimenticios locales. Esta cla­se de tareas competen al Gobierno.

Los propietarios de posadas tradicionales japonesas del municipio de Yufuin, que ahora ya forma parte de la ciudad de Yufu, tuvieron la idea de convertir la zona en un centro cultural, y lo consiguieron organi­zando festivales de música y cine. También presiona­ron a las oficinas prefecturales y gubernamentales para que limitaran la altura de los edificios a fin de impedir que los hoteleros construyesen edificios altos en esa zona.

La prefectura confecciona un mapa del OVOP para sus pueblos y ciudades, pero para decidir qué pro­ducto puede venderse bajo la marca OVOP es nece­sario basarse en las propuestas de cada municipio.

2. Desarrollo de recursos humanos

El éxito del movimiento OVOP pasa por la preparación de dirigentes locales innovadores. Para alcanzar este objetivo, mientras era gobernador creé pequeñas ins­tituciones educativas que ofrecían un programa de estudios sobre el desarrollo de comunidades en 12 puntos de Õita. Cada escuela podía acoger a treinta alumnos, y yo era su director. Los alumnos tenían ocu­paciones diversas y entre ellos había campesinos y comerciantes que tenían negocios en los distritos comerciales, amas de casa y funcionarios públicos de todas las partes de la prefectura. En la primera mitad de los dos años del programa, aprendieron el aspecto práctico del desarrollo de comunidades a través de conferencias presentadas por personas que habían contribuido de forma tangible a la revitalización local, tales como el director de la cooperativa agraria de Oyama, restauradores de Yufuin y ejecutivos de las compañías de shõchu. En el segundo año, los estu­diantes presentan su propio plan de revitalización, que pasa una revisión previa por expertos y después me lo hacen llegar a mí. Los planes más prometedo­res se implementan de inmediato.

En el siglo XXI nos encontramos en un mundo que no se preocupa tanto del aumento del producto interior bruto como de la satisfacción nacional bruta. Los gobernadores de las prefecturas pueden hacer cuanto puedan para que el Gobierno central, con la ayuda de parlamentarios de su jurisdicción, destine fondos del presupuesto nacional para invertirlos en carreteras y ríos y la construcción de lujosos edificios públicos, pero con esto no lograrán el apoyo de los ciudadanos. En cambio, si la gente tiene un producto OVOP del que se siente orgullosa, ello fomentará un sentido de identidad como ciudadano regional y nacional que dará mucho más sentido a sus vidas. Por mi parte, continuaré dedi­cando mis modestas capacidades a la causa de la satisfacción nacional bruta de los habitantes de todas las regiones del mundo. Esto es lo que significa "pen­sar globalmente y actuar localmente».

[i] HIRAMATSU Morihiko es doctor en Derecho por la Universidad de Tokio. Fue gobernador de la prefectura de Õita de 1979 a 2003. Se doctoró en Ciencias Políticas en la Universidad de Ritsumeikan. En la actualidad es presidente del Comité de Promoción del Intercambio Internacional del OVOP de Õita. Es autor, entre otras obras, de Isson ippin no susume (El poder del movimiento «Un pueblo, un producto»).

2 comentarios:

Patricia dijo...

Extraordinario articulo, me intersa mucho poder promocionar una conferencia en El Salvador Centro America sobre "Un pueblo. Un producto". ¿donde puedo obtener informacion del ponente idoneo? por favor mantengame informada de otros articulos que escriba sobre esta tematica. Patricia Dalponte al mail: info@disummit.com

Alejandra Zorrilla dijo...

Señor Hiramatsu, mil gracias por su información! Totalmente de acuerdo. Es evidente que el desarrollo de una comunidad sólo sucede si se impulsa la creatividad y la autonomía local. Los proyectos que subsidian la producción en lugar de apoyar el derecho de los locales a la responsabilidad individual y colectiva de sus pueblos, sólo causan mayores estragos y más pobreza.
Patricia, soy mexicana, pero estoy trabajando en un proyecto en la zona occidental de El Salvador. Cuéntame de tí. alejandra.zorrila.m@gmail.com