"Si seguimos haciendo lo que estamos haciendo, seguiremos consiguiendo lo que estamos consiguiendo".
Stephen Covey

6.1.06

El colectivismo en Japón

Acerca del trabajo en grupo de los japoneses

Japón es hoy la segunda economía del mundo superada sólo por EEUU, pero contando con el 3 % del territorio que ostenta este último y con menos de la mitad de los habitantes.

Si nos preguntáramos el nombre del presidente de Japón, pocos pasarían la prueba de acertarlo. Más difícil sería acertar si tienen sistema presidencialista o parlamentario. ¿Recordamos el nombre de alguna personalidad de Japón?

Si continuáramos preguntándonos qué cosas conocemos de ellos, muy rápido se nos vendrían a nuestras cabezas entre otras cosas, marcas de autos, de electrodomésticos, de relojes: Sony, Toyota, Sanyo, Toshiba, Panasonic, Nissan, Honda, Mitsubishi, Fujitsu, Citizen, Casio, Nikkon, Minolta y podríamos seguir.

El objeto de todo este ejercicio, es el de intentar demostrar que lo que principalmente conocemos de este país son organizaciones, empresas que trascienden las personas y las individualidades y que su éxito está montado sobre una manera de trabajar colectiva que tiene diferentes orígenes.

Por un lado se atribuye el origen de esta manera de ser a la cultura oriental, y si bien es cierto que occidente tiene una cultura más individualista, países occidentales como Canadá, Suecia, Noruega, Finlandia o Alemania se encargan de romper ese argumento.

Por el otro son ellos, los japoneses, que explican el “grupismo” o colectivismo a partir de la cultura del cultivo de arroz que data de 2300 años. Dicen, hablando de ellos mismos, “que las culturas agrarias a diferencia de las nómades, demandan cooperación comunitaria, disciplina y sentido del destino común”, atributos estos que no hemos podido verificar aún en nuestra cultura agraria pampeana, echando por tierra esa segunda justificación.

Es difícil y no vamos a descifrar aquí las razones por las que esto sucede. Pero en la conducta cotidiana de los japoneses el trabajo asociado, integrado es constante. Casi podríamos decir que es difícil ver a alguien tomando una decisión individualmente. Todo es producto de un trabajo grupal, y que con un poco de humor se puede decir que es un comportamiento similar al que se observa en el sistema de trabajo que realizan las abejas en una colmena.

En las grandes empresas es muy común observar que desde el empleado que realiza la tarea más sencilla hasta los gerentes de planta, utilizan un mismo uniforme de la empresa, lo que los pone a todos en un plano de igualdad más allá de la responsabilidad que cada uno tenga, y para un empleado los intereses de su empresa siempre están por encima de los propios.

Se podría pensar que una cultura tan grupal impediría el desarrollo personal, pero ellos entienden que el éxito individual, es el éxito del grupo y es en ese trabajo asociado donde se ponen en juego las ideas, creatividad e ingenio individual, potenciándose con las de los demás.

Lo cierto es que una condición se da allí y es que mucha gente debe convivir en muy poco espacio y con muy pocos recursos explotables, y en ese contexto la convivencia en armonía es su único destino.

Hay dos refranes populares que allí se repiten a diario además de llevarlos a la práctica, y que representan fielmente su manera de ser. Uno que se utiliza para quienes intentan sobresalir del resto: “El clavo que asoma su cabeza se lo mete para adentro”. Y el otro cuando enfrentan una contrariedad: “Semáforo en rojo, si cruzamos todos juntos no nos pasa nada”.


Nota de opinión de Luis María Lafosse publicada por el diario El Tiempo de Azul el día lunes 19 de septiembre de 2005.

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