"Si seguimos haciendo lo que estamos haciendo, seguiremos consiguiendo lo que estamos consiguiendo".
Stephen Covey

8.1.06

El suicidio en Japón

Algunas razones y motivos sobre la institución del suicidio.

Solemos escuchar con cierta frecuencia noticias que nos llegan desde Japón acerca de la cantidad de suicidios que allí se cometen. Por lo general esas noticias se refieren a adolescentes que al desaprobar su examen de ingreso a la universidad optan por quitarse la vida.

Si miramos el fenómeno no sólo alcanza a jóvenes. En el año 1999, momento durante el cual en ese país se vivía una fuerte recesión económica, se registraron 31.700 suicidios según el Ministerio de Salud y la tasa había aumentado respecto al año anterior. Esto significa 25 suicidios cada 100.000 habitantes. Estadísticas anteriores decían que las muertes por suicidio representaban algo más que el 3% de todas las muertes que se registraban en ese país.

Japón junto a otros conforman el grupo de países con tasas más altas de suicidios.

Lejos de intentar encontrar las razones por lo que esto sucede quiero compartir algunas observaciones relacionadas a este tema, visto que el significado que la vida y la muerte tienen en el mundo occidental, no es igual al que tienen ellos.

Si bien la muerte en el mundo cristiano es un paso intermedio hasta la resurrección, no se debe dejar se soslayar que para nosotros la muerte significa el final de un proceso y como tal lo sufrimos mucho. Bien diferente lo es para ellos que la muerte es el final de una cosa para dar comienzo a otra, a partir de la creencia en la reencarnación. Se podría considerar la muerte como el tránsito hacia algo nuevo.

El suicidio en Japón tiene una raíz histórica. Es conocida para nosotros la palabra harakiri que significaba morir por propia mano abriéndose el vientre. Según el libro Bushido, el alma del Japón (1900), el harakiri se instituyó en la Edad Media y no era un mero proceso suicida. “Era una institución legal y solemne, por el cual un samurai (guerrero) podía expiar sus crímenes, disculparse de sus errores, evitar la infamia, redimir a sus amigos o probar su sinceridad. Cuando se imponía como castigo legal se practicaba con la debida ceremonia”.

Aunque la práctica del harakiri no tiene vigencia hoy, representa un antecedente y explica algo acerca de porque una minoría en ese país no elige el día de su nacimiento pero sí el de su muerte. En nuestros días, empresarios y políticos que son encontrados en hechos de corrupción, optan por ese camino.

Volviendo al comienzo, el hecho de poner fin a su propia vida tanto aquí como allí, suele estar vinculado a una situación de fracaso en alguna o todas las instancias de la vida. En el caso de los ingresantes a la universidad que fallan en el examen de ingreso no es diferente. El ingreso a determinado nivel de universidad, determina también el destino futuro de esa persona y su posterior posición social. La universidad en la que uno se gradúa define que tipo de empresa o institución lo contratará y donde casi seguro trabajará durante toda su vida. Cuando no se tiene la posibilidad de ingresar a la facultad que aspira, teniendo en cuenta lo anterior, sus expectativas de vida se ven frustradas. Y eso puede ser un detonante para quitarse la vida.

También relacionado con esto, el destino de propia muerte suele no estar definido por el fracaso. Existe otra razón que es la de quienes optan por poner fin a su vida una vez que su misión u objetivo de vida ha sido cumplido o satisfecho. Aunque no se pueda afirmar que sea este el caso, la decisión de los escritores Yasunari Kawabata (Nobel de literatura 1968) y Yukio Mishima son ejemplos que se aproximan a quienes se suicidan una vez que se han alcanzado las meta por las que a uno se le ha dado la posibilidad de vivir.


Nota de opinión publicada por Luis María Lafosse en el diario El Tiempo de Azul.

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